Esta es, quizá, la dimensión más profunda de la superposición de circunstancias, ya que transforma una ecuación matemática en una carga existencial y ética. Como hemos visto anteriormente, todo implica una inmersión en el colapso, incluso la inacción, esta fase explora el vértigo que experimentamos al ser el "observador consciente" que somete a la realidad a encauzarse. Cuando la superposición de circunstancias () se traduce a la vida humana, el colapso deja de ser un concepto matemático y se convierte en una carga emocional profunda: el peso de abandonar lo infinito para habitar lo concreto.
El vértigo de lo posible
En el estado de superposición, todas las circunstancias coexisten como posibilidades puras. Contemplar esa infinidad de caminos genera una profunda carga existencial. La vida nos empuja fuera de la superposición; nos obliga a colapsar la realidad de forma constante.
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Søren Kierkegaard: "La angustia es el vértigo de la libertad". Esta idea ilustra perfectamente la parálisis y el peso que experimenta el sujeto frente a la materialización . Es el miedo a la multiplicidad de vectores antes del colapso. Visto de una manera simplificada, esa gama de sinsabores que se puede florecer en el aire al contemplar todos esos presentes y futuros alternos que se descartan de inmediato cuando percibimos que nuestra trayectoria ha sido modificada determinantemente.
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Jean-Paul Sartre: "El hombre está condenado a ser libre". Esta máxima se alinea con la conclusión de que incluso la omisión () genera un colapso. No elegir ya es una elección; es imposible no decantar la realidad, aún en la absoluta inamovilidad, la continuidad se extiende sobre sí misma y no hay nada que podamos hacer o no hacer para revertir o evitar este comportamiento de la existencia en nuestra función como experimentadores o contempladores.
La aniquilación de las alternativas
El sujeto siempre sufre una afectación existencial (). Psicológicamente, cada colapso implica un duelo, cuya profundidad puede ser o no perceptible para el individuo y dependerá puramente de la carga de consciencia sobre la contemplación de dichas desarrollos colaterales que habrían de materializarse de no ser por la irreversibilidad del colapso. Para que una circunstancia nazca, todas las demás versiones potenciales de nuestra vida deben diluirse. El peso psicológico radica en asumir esa pérdida y la transformación, por mínima que sea, de nuestra propia identidad.
Carl Jung: "Yo no soy lo que me ha sucedido, soy lo que elijo ser".
La consciencia asimila el colapso de las circunstancias y, en el proceso, el sujeto mismo se reconfigura y se retroalimenta determinando así la naturaleza y consecuencia de un sinfín de colapsos concatenados.
Viktor Frankl: "Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio está nuestro poder de elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta yace nuestro crecimiento y nuestra libertad".
Ese "espacio" es precisamente el instante de superposición antes de que el coeficiente de afinidad () materialice una conclusión.
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